leyendas de la luna

 Cuenta una leyenda que hace muchísimos años solamente el Sol reinaba en el cielo. De día todo era alegría, pero durante la noche un gran temor se apoderaba de las aldeas. Cierta vez, un puma sanguinario se ensañó con un pequeño poblado. Entonces, una joven valiente y generosa, llamada Quilla decidió poner fin a esta amenaza.

Una noche, en vez  de refugiarse junto a su pueblo, se quedó sola en un lugar abierto. Al acercarse el puma, ella comenzó a correr muy velozmente. El animal la siguió, pero Quilla conocía perfectamente la región y sabía donde ocultarse. Así, durante dos días, fue alejando a la fiera de su pueblo.

Pero finalmente, en la tercera noche, el puma la acorraló. La joven se dio cuenta que estaba  perdida. Sin embargo, contenta porque había logrado apartar a la bestia de su gente, se dispuso a morir. 

En ese momento ocurrió algo asombroso: la figura de la muchacha comenzó a ascender por el aire hasta convertirse en un astro redondo y luminoso que quedó prendido en el cielo.
Los amigos de Quilla, que la buscaban intensamente, vieron la transformación y comprendieron lo sucedido……

A partir de ese momento, Quilla nunca los abandonó; los acompañó todas las noches con su luz.


Cuando Tupá hizo la primera pareja la dejó sobre la Tierra donde preparó el hombre la tierra y la mujer sembró maíz con el que habían de comer. Un día el hombre se alejó y la mujer, inspirada por el hijo que llevaba en su vientre, lo siguió a través de la selva, donde un yaguareté hambriento la mató, pero de su vientre alcanzaron a nacer dos mellizos llamados Erekeí y Erevuí. Criáronse entre las fieras hasta que ya hombres, se les apareció un día Añá, el diablo, quien los llevó a su choza donde vivía una hermosa joven hija de Añá. Los tres huyeron dejando al diablo con sus maquinaciones. Tupá les llamaba con voz más fuerte. Cuando le encontraron, representado por un anciano bondadoso, les preguntó cuáles eran sus deseos.

-Yo -dijo Erekeí- quiero la luz.
Tú serás el Sol, le respondió el Dios.
– Yo -agregó Erevú- amo la luz en las sombras.
Tú -replicó de nuevo Tupá- serás la Luna.

Y así fueron creados estos dos astros, a los que los guaraníes -especialmente al Sol- saludan solemnemente desde el comienzo de los siglos.


Antes de que hubiera día en el mundo, se reunieron los dioses en Teotihuacan. -¿Quién alumbrará al mundo?- preguntaron.

Un dios arrogante que se llamaba Tecuciztécatl, dijo:
-Yo me encargaré de alumbrar al mundo.

Después los dioses preguntaron:
-¿Y quién más? -Se miraron unos a otros, y ninguno se atrevía a ofrecerse para aquel oficio.

-Sé tú el otro que alumbre -le dijeron a Nanahuatzin, que era un dios feo, humilde y callado. y él obedeció de buena voluntad.

Luego los dos comenzaron a hacer penitencia para llegar puros al sacrificio. Después de cuatro días, los dioses se reunieron alrededor del fuego.

Iban a presenciar el sacrificio de Tecuciztécatl y Nanahuatzin. entonces dijeron:

-¡Ea pues, Tecuciztécatl! ¡Entra tú en el fuego! y Él hizo el intento de echarse, pero le dio miedo y no se atrevió.
Cuatro veces probó, pero no pudo arrojarse

Luego los dioses dijeron:
-¡Ea pues Nanahuatzin! ¡Ahora prueba tú! -Y este dios, cerrando los ojos, se arrojó al fuego.
Cuando Tecuciztécatl vio que Nanahuatzin se había echado al fuego, se avergonzó de su cobardía y también se aventó.

Después los dioses miraron hacia el Este y dijeron:
-Por ahí aparecerá Nanahuatzin Hecho Sol-. Y fue cierto.

Nadie lo podía mirar porque lastimaba los ojos.Resplandecía y derramaba rayos por dondequiera. Después apareció Tecuciztécatl hecho Luna.

En el mismo orden en que entraron en el fuego, los dioses aparecieron por el cielo hechos Sol y Luna.

Desde entonces hay día y noche en el mundo.


 

Antes la tierra era toda agua y los pobres indios tuvieron que refugiarse en las montañas para no morir de hambre. Llovía siempre con fuerza y era de noche. Y también en las montañas se refugiaron los avestruces, los peludos y guanacos y así tuvo el indio de que alimentarse. Y como los indios tenían que pasar de un cerro a otro para buscar leña y el aire era negro, pidieron al sol que les alumbrara el camino durante la noche para no ahogarse en las lagunas que habían formado la lluvias y que impidiera que los espíritus malos entraran en el corral de los muertos (cementerio). Y el sol mandó a su mujer la luna a que se fuera a los cielos y desde allí alumbrara a los indios de la Tierra, e impidiera que los espíritus de los muertos malos entraran en el corral de los muertos. Y como la luna se puso en camino durante la lluvia llevando el fuego en sus manos, éste se enfrió en el camino y por eso la luna alumbra con luz fría que no tiene calor. Y así los espíritus malos no pudieron nunca entrar en el corral de los muertos y quedaron errando en el aire. Y cuando las aguas bajaron, los indios se fueron a vivir en los campos donde hay pastizales y donde viven los avestruces y los guanacos.

 


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Acerca de Metztli Martínez

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Una respuesta a leyendas de la luna

  1. Roberto de Jesus dijo:

    tambien seria padre que ademas de leyendas mexicanas, luego hablaras tambien de leyendas de la luna pero de otras regiones

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